Esta semana ha sido, sin duda, una de las más especiales para nuestra comunidad educativa. La reliquia de San Francisco Coll, fundador de la Congregación de las Dominicas de la Anunciata, ha pasado por nuestro colegio, y lo ha hecho justo en un año doblemente significativo: se cumplen 170 años de la fundación de la Congregación y celebramos el año vocacional bajo el lema «Muévete, tu vida es para algo grande. Sé antorcha».
La jornada comenzó por la mañana con una Eucaristía que reunió a todo el colegio —alumnos, profesores, hermanas y numerosas familias— en la iglesia del centro, que se llenó por completo hasta reunir cerca de 600 personas. Presidió la celebración Don Manuel, párroco de la parroquia aledaña, quien en su homilía nos recordó que la reliquia de un santo nos ayuda a tomarlo como ejemplo de entrega, y que ese día San Francisco Coll estaba, de un modo muy especial, presente entre nosotros. Varias Hermanas Dominicas tomaron parte activa en la celebración: portaron la reliquia en la procesión de entrada, proclamaron las lecturas y, para cerrar la Eucaristía, entonaron el himno del Padre Coll, un momento tremendamente bonito.
Uno de los instantes más entrañables de la mañana llegó después: el sacerdote se acercó personalmente a cada uno de nuestros alumnos, uno por uno, para que pudieran tener su propio gesto de respeto y cercanía con la reliquia. Ver a los más pequeños del colegio venerar con tanta naturalidad y recogimiento los restos de quien dedicó su vida a educar como forma de anunciar el Evangelio fue, para muchos de los presentes, la imagen más conmovedora del día.
Por la tarde, el colegio abrió sus puertas a toda la comunidad en una ceremonia de veneración que quiso ser mucho más pausada y contemplativa. Antes de acercarse a la reliquia, quienes acudieron pudieron escuchar una breve semblanza de la vida de Francisco Coll y vivir un momento de oración en silencio, que ayudó a preparar el corazón para lo que vendría después: una fila serena en la que cada persona pudo detenerse, uno a uno, ante la reliquia. Acudieron numerosas familias —algunas que ya habían estado por la mañana y otras que se acercaron solo por la tarde— y tuvimos también la alegría de contar con representantes del área de educación de la Archidiócesis de Valladolid, que quisieron acompañarnos en un día tan señalado.
Como gesto simbólico, se colocó junto a la reliquia un globo terráqueo, recordando que ésta se encuentra actualmente peregrinando por distintos países y continentes: un signo visible de que la familia anunciata es, hoy, una familia verdaderamente mundial, y de que el mensaje de Francisco Coll —sencillo, cercano y profundamente evangélico— sigue teniendo la misma vigencia en cualquier rincón del planeta.
Ha sido, en definitiva, un día para agradecer y para «movernos»: para recordar que, como le ocurrió a Francisco Coll hace ya 170 años, también nuestra vida —la de cada alumno, cada familia, cada docente de este colegio— está llamada a algo grande. Que su ejemplo, encendido de nuevo en nuestro colegio esta semana, nos siga acompañando como antorcha en el día a día de nuestras aulas.
















